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sábado, 25 de junio de 2011

La iglesia católica no está en crisis



Al parecer la única institución intocable en este país es la iglesia católica. Cuando los sueldos se recortan, las inversiones se detienen, y hasta el Defensor del Pueblo es suprimido en alguna autonomía, los numerosos fondos públicos que recibe la iglesia católica no sufren recorte alguno. Al contrario, mantienen año tras año su senda creciente.

Según las estimaciones de Europa Laica, el Estado español entrega cada año más de 10.000 millones de euros por diversos conceptos a la iglesia, algo más del 1% del PIB estimado para el año 2011. Suficiente para evitar los recortes en las pensiones o en la sanidad pública.

Aquí está la estimación de la financiación pública de la iglesia para el año 2011:
  • Asignación IRPF-2010: 249 Millones de €
  • Asignación IRPF- parte de fines sociales) Mínimo 80 M€
  • Exenciones tributarias (IBI, patrimonio, etc...) 1.000 M€
  • Enseñanza: - personal que imparte religión católica 700 M€
- financiación de centros de ideario católico 3.900 M€
  • Asistencia sanitaria y otra social 2.500 M€
  • Asistencia hospitalaria directa (CCAA) 700 M€
  • Capellanes (hospitales, ejército, cuarteles) 25M€
  • Mantenimiento patrimonio artístico de la Iglesia 500 M€
  • Fastos y eventos 2011 (visita Papa a Madrid) 60 M€
  • Subvenciones y gastos eventos religiosos y asociaciones locales 290 M€
Es realmente escandaloso e incomprensible que la financiación de la iglesia no se vea afectada por la profunda crisis económica por la que atraviesa España. Y más escandaloso aún es que, seguramente por miedo a la airada reacción que cabe esperar, y a las acusasiones de laicismo agresivo, el Gobierno que está recortando derechos fundamentales de los trabajadores ni siquiera se atreva a mencionar la posibilidad de reducir los cuantiosos fondos que recibe la iglesia y limitar sus privilegios fiscales.

Sevilla Laica ha estado recogiendo firmas contra la financiación de la iglesia por el Estado desde el martes pasado en el marco de la semana del orgullo ciudadano que terminó ayer en Sevilla. Puedes firmar en cualquier momento en la web del laicismo, en el siguiente enlace: firma contra la financiación de las iglesias por el Estado

También hemos estado haciendo campaña coontra la cruz en la declaración del IRPF, para que se suprima. Y mientras tanto, para que no se ponga la cruz ni a la iglesia católica, ni a fines sociales, que en gran parte van a parar también a la iglesia; y además, sirve de coartada para mantener la cruz de la iglesia, que iimplica que el Estado ponga sus medios para recaudar dinero para la iglesia católica. Más información sobre la campaña "En el IRPF, no marques ninguna casilla"

Más sobre la financiación pública de la iglesia católica

viernes, 30 de abril de 2010

IRPF

Como cada año, las organizaciones laicistas iniciamos campañas informativas para desvelar una gran mentira. La llamada "asignación tributaria" a la iglesia católica no es sino una excusa para financiar a esta organización con fondos públicos, disfrazada de libertad del contribuyente.
En este artículo pretendemos explicar cómo funciona este invento y por qué lo consideramos un engaño.

Los impuestos en esencia funcionan como un mecanismo de redistribución de la riqueza. La sociedad, a través del Estado, organiza una serie de infraestructuras y servicios comunes. Para ello, necesita evidentemente fondos, y esos fondos los recauda de los ciudadanos y las empresas a través de los impuestos. Es decir, se toma dinero de los bolsillos privados para destinarlo a fines públicos.
La gracia del asunto es que esos fines públicos son determinados por los gobiernos y son "para todos". Los ciudadanos podemos, mejor o peor, decidir a qué fines se destinan nuestros impuestos, a través de los sistemas democráticos de representación, pero es una decisión colectiva, para todos. A diferencia de lo que ocurre con nuestro propio dinero, que podemos gastar o invertir en lo que mejor nos parezca.
Esta es la teoría. Evidentemente muchos podemos opinar que los impuestos son excesivos, que la carga no se distribuye de forma adecuada, que no se gastan eficientemente y que los mecanismos de representación son tan lejanos que poco o nada cuenta nuestra opinión para elaborar los presupuestos. Al margen de estas carencias, este es el sentido, la razón de ser de los impuestos.
La famosa crucecita en el IRPF es un mecanismo que permite que los contribuyentes podamos elegir entre destinar una parte de nuestros impuestos a los fines generales del Estado o a una organización religiosa particular. Este mecanismo es de entrada rechazable por dos motivos: El primero es que se rompe con el sentido de los impuestos. ¿No quedamos en que los impuestos van destinados a fines comunes? ¿Por qué se detraen sus buenos millones para destinarlos a fines particulares?
Más aún. Si los impuestos son fondos que pasan de la gestión privada de cada uno a la gestión pública del Estado, ¿por qué se permite que su reparto se haga según una decisión privada del contribuyente? Eso no tiene sentido. Si puedo elegir qué hacer con ese dinero, no me lo quites y yo lo destinaré a los fines que mejor me parezcan, igual que hago con el resto de mi dinero.
¿Cuál es el problema? ¿Por qué se hace esta jugada más propia de trileros que de la Agencia Tributaria? Hay dos razones:
  • La primera es que cuando el dinero estaba en mi bolsillo, yo podía elegir entre muy distintos destinos, pero al pasar por la bondadosa mano del Ministerio de Hacienda me reducen las opciones a cuatro: iglesia católica, cóctel de ONGs decidido por el Gobierno, ambos o ninguno de los anteriores. De ese modo nos limitan nuestra libertad. No podemos destinar ese dinero a otras confesiones religiosas o a otros fines que nos parezcan más meritorios. Hay un selecto club de amigos de Hacienda y si no estás en él, eres ciudadano-pagano de segunda.
  • La segunda es la falta de confianza de la iglesia católica en la disposición de sus fieles para contribuir libremente al sostenimiento de su querida religión. He de decir que yo comparto sus temores, pero se me ocurren formas mejores de estimular el donativo que hacer un pacto con el Estado para que nos quite de forma coercitiva a los ciudadanos el dinero para financiar dicha organización. Como diría Carlos Jesús "Mu poquita fe"
Por si fuera poca transgresión, la asignación tributaria viola otro principio fundamental del Estado democrático: La igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. ¿Y esto por qué? Sencillo: Ese dinero que podemos elegir destinar a iglesia católica o a ONGs amigas de Hacienda se detrae de lo que pagamos a los fines comunes de la sociedad. Es decir, el que desea financiar a la iglesia católica no paga una cantidad adicional para ello, sino que deja de contribuir en parte a la financiación de escuelas, hospitales, carreteras, etc. para destinarla a curas y obispos.
Podemos verlo con un ejemplo: Imaginemos, por simplificar, un contribuyente que paga 10.000 € de IRPF. Según el número de casillas que marque, sus impuestos se distribuirán de la siguiente manera:


Asignación privada Contribución a los fines comunes
Ninguna casilla marcada - 10.000,00 €
Una casilla marcada 70,00 € 9.930,00 €
Dos casillas marcadas 140,00 € 9.860,00 €

¿Quién es más solidario? ¿El que contribuye totalmente al sostenimiento del Estado o el que contribuye menos?
Parece mentira que todo este follón haya sido promovido por una organización a la que su líder y referente espirutual ordenó, hace 2.000 años, "dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".
¿Qué parte del mensaje no han entendido?

miércoles, 18 de febrero de 2009

Mi reino SÍ es de esta tierra

Los españoles hemos aportado en 2008 la bonita cantidad de 241 millones de euros a la Conferencia Episcopal española. Unos de buen grado, otros por la fuerza.
La cantidad sustraida a la Hacienda pública en 2007 fue de 173,8 millones de euros y en 2006 de 144,9 millones. Esto supone que el incremento 2007-2008 (46,2 millones de euros) es de un
En los dos últimos años, el gobierno del "anticristiano" Rodríguez Zapatero, ha intensificado su "cruzada laicista", aumentando la cantidad detraída de las arcas del Estado con destino a la Conferencia Episcopal en nada menos que 75 millones de euros. Menos mal que los obispos se dedican a vapulear públicamente al Gobierno del PSOE, que si además lo tuvieran presente en sus oraciones serían capaces de obligarnos por ley a hacerles sacrificios rituales.
Confieso que la extraña relación sadomasoquista que mantiene el Gobierno de España con los purpurados me resulta incomprensible. Mi imaginación qiene que hacer grandes esfuerzos para entender los motivos de este Gobierno para que cuando están en juego nuestras libertades y la democracia de España por un lado y los privilegios del clero católico por otro siempre se incline la balanza a favor del clericalismo y en contra del laicismo.
A estas alturas parece innecesario dejar claro que lo que recibe la iglesia católica no es un donativo desinteresado de sus fieles, no es una cantidad adicional que donen generosamente. No. En España los católicos pueden decidir si dejan de pagar una parte de sus impuestos para destinar esos fondos a lo que la jerarquía católica quiera hacer con ellos. ¿Y cómo se compensa lo que deja de ingresar el Estado? Pues, como usted está pensando: ¡A escote!
Huelga decir que todos los que no sentimos apego por dicha jerarquía no tenemos la posibilidad de elegir. No podemos destinar una parte de nuestros impuestos a la iglesia Pastafariana, o a Amnistía internacional ni a ninguna otra causa. Creo que es más que evidente que esto supone una discriminación clara, contraria a nuestra Constitución.
En estos tiempos de crisis, en los que se anuncian subidas de impuestos y calamidades miles, parece que la Iglesia no va a sufrir penurias, por obra y gracia del Sr. Zapatero y la Sra. de la Vega.